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martes, 1 de mayo de 2012

Minuta 5 por Maria Alejandra Terán

Minuta 5. Maria Alejandra Terán
El potencial humano en las organizaciones, un catalizador del éxito.

Ante la premisa que cada vez somos más  conscientes de que hemos de competir en entornos complejos, se hace necesario definir con claridad  si nuestras empresas y sus integrantes poseen los conocimientos, habilidades y capacidades necesarias para enfrentarse a continuos retos empresariales. Hemos de convenir que para cualquier misión importante que requiera dominar las variables ligadas al desarrollo organizacional, es necesario que los directivos tengan una capacidad de liderazgo real, trabajen en confeccionar una organización y una cultura preparada para detectar el cambio, y sobre todo, para adaptarse a él con la oportuna rapidez. Rodearse de personas con talento, saber cómo lograr el desarrollo de éstas y establecer un estilo de dirección que potencie el trabajo en equipo, cree expectativas de logro y perspectivas de adaptabilidad e innovación desde el compromiso, serán la clave del éxito.
En su obra la quinta disciplina, Peter Senge nos advierte que en el futuro, quizá la única ventaja competitiva sostenible sea la capacidad de aprender con mayor rapidez que los competidores. De tal manera que, estamos hablando del potencial, del talento que ha de poseer y desarrollar cualquier integrante en una organización, asimismo, del desarrollo profesional para seguir creciendo dentro de su empresa y situarla a la cabeza de la dinámica empresarial del sector en el que se encuentre.
Teniendo en cuenta lo anteriormente expuesto, nos será fácil comprender la necesidad de identificar y evaluar el talento de los empleados. La finalidad es obvia: estar preparados para asumir los retos y ajustar el desarrollo de la organización a las necesidades de los individuos y de éstos a su vez para con la organización. A las personas con talento se les retribuye con promoción y ésta justifica la finalidad de conocer las competencias del individuo. Una realidad que hemos podido constatar en nuestras disertaciones en clase, es que las plantillas de recursos humanos no tienen conciencia de su potencial y, cuando mediante procesos de evaluación ponemos de manifiesto quiénes son las personas que lo poseen, no siempre son tenidas en cuenta en los planes de carreras en los proyectos de futuro o retos innovadores.
En ese marco, el fin de evaluar el potencial que posee una persona es mejorar, conocer los puntos débiles y los puntos que habrá de mantener en permanente vigilancia, a fin de no perder lo conseguido. La evaluación es un "sin sentido" cuando se hace sin tener clara la referencia de lo que significa; desconocer las coordenadas que nos van a permitir medir el punto inicial y el recorrido que el individuo debe seguir en su desarrollo formativo. Los efectos perniciosos de un plan de evaluación de potencial es que no tenga consecuencias. Los evaluados que confirmen poseer alto potencial se sentirán frustrados si no sucede algo que modifique su situación en el futuro; dejarán la empresa a la menor oportunidad que se les presente, ante un proyecto que les ilusione y que suponga poner a funcionar sus mejores recursos y dar rienda suelta a sus expectativas y ambiciones; por tanto, más que la construcción de planes perfectos, necesitamos de ejecutores conscientes de promover las acciones pertinentes a un marco estratégico que sin duda retribuya en crecimiento sostenido tanto a la organización como a su gente.
María Alejandra Terán

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